Coge tu gama de colores. ¿Todo preparado? bien, comienza por los trazos más grandes, los que configuran tu ambiente, colocáte en tu sitio recuerda que si tu mundo no te gusta demasiado siempre puedes pintar un sol por ahí solo tienes que coger el color amarillo y una sonrisa, así el sol brillará con mayor fuerza. A continuación, vete definiendo los trazos, vete trazandote a ti mismo como persona, un poco de valor por aquí, entereza, una pizca de orgullo, inteligencia, belleza... como habrás podrido comprobar estos trazos no son fáciles de dibujar, requieren mucha práctica para poder trazar perfectamente el valor, la entereza, muchos años y dedicación para la inteligencia, la belleza muchas veces depende más del pincel aunque, recuerda que la belleza es subjetiva y que por lo tanto tú puedes tener tanta belleza como tú quieras ver, y sino siempre puedes hechar mano de algún color ya sabes, para mejorar un poco el aspecto, pero sin pasarte, que te vean como eres.
Luego configura esos trazos con el entorno, pero recuerda siempre que debes dejar algo de tus colores para más tarde... ya que debes colorear tu presente y hacer algún borrador del futuro... el pasado aparece ya en blanco y negro, está bien mirarlo de vez en cuando como diapositivas que van apareciendo por la mente. El presente es el más complicado debes saber utilizar cada color en su determinado momento, hoy... verde, esperanza.
El futuro, no hace falta empeñarse mucho, tan solo haz un borrador, casi mejor a lápiz no pongas muchas espectativas que todo sea verde y rosa, que todas las ideas sean blancas y nítidas, ni que las personas sean transparentes, pero las suficientes ganas como para que llegado el momento puedas coger los colores y vuelvas a colorear una sonrisa cada día en tu cara y en la de los que te rodean. Tienes que ser capaz de pintar tu futuro, de crearlo tal y como tú te imaginas o por lo menos intentarlo, si fracasas, no pasa nada, emborrona todo, haz tachones, arruga el proyecto, tíralo a la basura, pero sobretodo vuelve a hacer otro con las mismas ganas que imagináste el primero, porque recuerda que tan solo son pequeños fracasos, que no hay nada que perder cuando hablamos de sueños.

