jueves, 22 de julio de 2010

Son tiempos malos para los soñadores.

Intentamos superarlo todo, que todo pase, que el tiempo coloque a cada persona en su sitio, que todo vuelva a ser como era antes ni más ni menos. Intentamos ser fuertes, que las personas no nos vean débiles, no llorar en público, mantener las formas y las buenas costumbres... Eso es pura supervivencia... La supervivencia del más fuerte, todos los animales se basan en ella.
La gente hace daño al más debil porque no son lo suficientemente valientes para hacerselo al fuerte, al que es al menos más fuerte que ellos. Fabrican puñales en forma de palabras y juegan a hacer daño, a echar alcohol en la herida, a arrojar sal donde escuece, en el foco del dolor.
Luego está la gente que te cura las heridas esas que te tapan una y otra vez las grietas que te van dejando, los que secan tus lágrimas y los que te levantan del suelo te quitan el polvo y te recuerdan que siguen ahí como siempre.
Y luego están los que hacen todo lo posible porque no te caigas, con los que pasas horas hablando con ellos te desahogas y no quieres que te oigan llorar, porque crees que no se merecen hacerles pasar un mal rato, son los que cicatrizan tus heridas con cada abrazo, los que te hacen olvidar cada palabra que la gente fuerte te dice para hacerte caer en la misma espiral una y otra vez... Están ahí siempre, en el foco del dolor como si de un anuncio de aspirinas se tratase, tan cómico como cierto, actuan aún sin tú quererlo sin que se lo pidas, para así volver a verte otra vez feliz.
Y todos estos son los que nos recuerdan día tras día que no hace daño quien quiere sino quien puede.



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